Seis mitos sobre el Asperger que aún persisten en la sociedad
Profesionales explicaron por qué las creencias erróneas siguen siendo la principal barrera para la inclusión social y laboral.
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El pasado 18 de febrero se conmemoró el Día Internacional del Síndrome de Asperger, una fecha que invitó a la comunidad a reflexionar sobre la diversidad neurológica. El síndrome, que forma parte del espectro autista, se caracterizó históricamente por presentar diferencias en la comunicación social, la interpretación de normas implícitas y una forma particular de procesar la información. No obstante, los expertos subrayaron que no se trata de un trastorno que debe curarse, sino de una condición que acompaña a la persona durante toda su vida y que exige comprensión y apoyos adecuados.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa licenciada María Angélica Vicencio Sanchez, psicóloga del CMC de Mendoza de Boreal Salud, afirmó que la fecha funcionó para reforzar la necesidad de revisar los mitos que aún persistieron en torno a esta condición. Según la profesional, la jornada buscó promover información basada en evidencia y desarmar estereotipos que impactaron directamente en la inclusión y la calidad de vida de quienes conviven con este diagnóstico. La premisa fundamental radicó en entender que el mayor obstáculo sigue siendo el desconocimiento por parte de la sociedad.
Seis mitos que obstaculizaron la inclusión social
Uno de los prejuicios más arraigados es la creencia de que las personas con Asperger no sienten empatía. Sin embargo, la especialista aclaró que sí la sienten, aunque pueden expresarla de maneras distintas o tienen dificultades para interpretar señales sociales implícitas, como gestos o ironías. La emoción está presente en todo momento, aunque no siempre se manifiesta bajo los códigos tradicionales de comunicación. Esta falta de "sintonía" aparente no es falta de interés, sino una diferencia en el procesamiento del lenguaje no verbal.
Del mismo modo, se instaló la idea de que estas personas prefieren la soledad de manera voluntaria. La realidad demostró que muchos desean vincularse y pertenecer a grupos sociales, pero experimentan altos niveles de ansiedad o confusión ante interacciones complejas. El desafío no reside en el deseo de relacionarse, sino en las barreras que imponen las formas de comunicación predominantes. Cuando los entornos son predecibles y claros, la interacción se vuelve mucho más sencilla para ellos.
Otro punto de confusión es la asociación del Asperger con capacidades intelectuales extraordinarias. Si bien algunos individuos presentan habilidades sobresalientes en áreas específicas, los perfiles son diversos y heterogéneos, como en cualquier grupo humano. Reducir la condición a talentos excepcionales también invisibiliza las necesidades de apoyo cotidiano que requieren. En ese sentido, se remarcó que el Asperger no implica una discapacidad intelectual severa, ya que muchas personas estudian, trabajan y desarrollan una vida autónoma con el acompañamiento adecuado.
Finalmente, la profesional desestimó la idea de que las personas con esta condición no puedan adaptarse a la escuela o al trabajo. Lo que falla en la mayoría de los casos no es la capacidad de la persona, sino la falta de ajustes razonables, comunicación clara y comprensión del entorno. Pequeñas adaptaciones en la organización de las tareas o en el ambiente físico generan grandes mejoras en el desempeño y el bienestar general, permitiendo un desarrollo pleno en las instituciones.
El desafío del diagnóstico tardío y el rol de la familia
Muchos de los diagnósticos no se realizan en la infancia, sino que llegan recién en la adolescencia o incluso en la adultez. La ausencia de rasgos visibles y el aprendizaje de estrategias para “encajar” en la sociedad suelen retrasar la detección y el acceso a apoyos oportunos. Desde Boreal Salud explicaron que este diagnóstico tardío está asociado con frecuencia a recorridos marcados por la ansiedad, el estrés crónico y una persistente sensación de no pertenencia. Recibir una explicación clara permitió a muchos adultos resignificar sus experiencias pasadas.
El trabajo con el grupo familiar resulta un pilar fundamental en el abordaje integral. Informar a los allegados sobre las características de la condición permite reducir el sufrimiento por ansiedad que atraviesa el núcleo cercano. La intervención con la familia busca mejorar la inclusión social al brindar herramientas para comprender las dificultades de adaptación ante los cambios inesperados. Asimismo, se trabaja en la gestión de los estímulos sensoriales, ya que ruidos, olores o luces intensas son vividos como grandes generadores de estrés.
Comprender que el Asperger esuna condición neurológica y no una falla personal cambia completamente el enfoque de tratamiento y acompañamiento. La información adecuada permite reducir el estigma y mejorar significativamente la salud emocional del paciente. Los especialistas coincidieron en que, cuando se dejan de lado los prejuicios y se comprende el funcionamiento del Asperger, se pueden construir entornos educativos y laborales mucho más saludables y respetuosos.
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