Ángel Orbea analizó la metamorfosis de la familia y el fenómeno del "chupete digital"
El psicólogo abordó cómo la desregulación de los roles tradicionales y la irrupción de la hiperconectividad están transformando los vínculos, la sexualidad y la salud mental de las nuevas generaciones.
El licenciado Ángel Orbea participó del desayuno de Tandil Despierta, programa que se emite por Eco TV y Tandil FM 104.1, para reflexionar sobre un interrogante que atraviesa a la sociedad contemporánea: ¿cómo ha cambiado el concepto de familia?
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDurante la entrevista, desglosó la evolución de este núcleo básico desde sus orígenes hasta la actualidad, marcada por lo que define como una “desregulación” de los roles y la irrupción de la tecnología como un nuevo agente de satisfacción.
Para Orbea, la familia es una estructura que existe desde los albores de la humanidad, constituida originalmente alrededor de la fuerza y la figura del “macho protector” o el tótem. “La familia es una relación de fuerzas”, explicó, subrayando que su función principal ha sido siempre la reproducción de la vida.
Sin embargo, advirtió que en toda estructura familiar convive un elemento invariable: el secreto familiar. Según el especialista, “el diván del psicoanalista es la cama de los padres”, en referencia a que la curiosidad y el enigma para los hijos surgen de aquello que no se dice en el hogar.
De la paternidad a la parentalidad
Señaló que el modelo tradicional comenzó a transformarse drásticamente en el siglo XX, impulsado por la incorporación masiva de la mujer al mundo del trabajo. Este proceso no solo modificó la economía doméstica, sino que también desplazó la figura del padre como único regulador.
En la actualidad, Orbea sostiene que más que de paternidad, se debe hablar de parentalidad. “La procreación se ha trastocado por las tecnologías, que hacen que ya no sea necesario el vínculo hombre-mujer para la reproducción”, afirmó, al citar hitos como la aparición de la píldora anticonceptiva en los años 50.
Este escenario implica que ya no resulta indispensable el vínculo conyugal para tener hijos, lo que abre nuevos desafíos. El psicólogo observó que, en muchos casos, el deseo de formar una familia queda desplazado por necesidades económicas o de consumo, propias de una clase media “demasiado exigida” por la subsistencia.
“Los padres están al límite para mantener a sus hijos, tienen que sobretrabajar”, analizó. Esto deriva en un desprendimiento cada vez más temprano de los jóvenes respecto a su núcleo familiar más cercano
El celular como el nuevo “chupete digital”
En su análisis sobre el uso de la tecnología en la infancia, Ángel Orbea comparó el impacto del celular con el del biberón o el chupete en siglos anteriores, aunque con una diferencia fundamental: el nivel de adicción.
“Ese niño de dos o tres años que apenas puede mover los deditos sobre la pantalla está adquiriendo un monto de satisfacción equivalente al que produce una sustancia en el cuerpo”, advirtió.
Esta hiperconectividad reemplaza la socialización tradicional por una “virtualización sin cuerpo” y da lugar a nuevas patologías. Según Orbea, los jóvenes desarrollan un gran despliegue en el mundo pixelado, pero sufren bloqueos, pánico o ansiedad cuando deben interactuar cara a cara.
“El mayor desregulador hoy de las familias y de los pibes es la tecnología digital”, sentenció, al vincular este fenómeno con la denominada “generación célibe Z”, en la que el interés por el encuentro físico ha disminuido frente al consumo digital.
El desafío de educar en la ansiedad
Describió que el celular transforma la excitación en un registro ansiógeno, lo que ayuda a comprender por qué muchos adolescentes viven en tensión constante, con tristeza o alteraciones en el sueño.
Ante este panorama, el psicólogo recomendó a los padres no recurrir únicamente a la prohibición o al reproche. “Lo primero es decir algo sensato, algo serio. Freud decía que para educar a un chico hay que decirle primero que sí y después que no”, recordó.
Por último, instó a adoptar una mirada contextual, sin considerar a los jóvenes necesariamente como enfermos, sino como sujetos de su tiempo. En un escenario donde la adolescencia parece extenderse hasta los 35 años, producto de la dependencia emocional y económica, Orbea concluyó que la familia sigue siendo un espacio complejo en el que conviven el amor, el odio y la culpa, pero que hoy debe aprender a adaptarse a un entorno digital que ofrece satisfaciones inmediatas y desreguladas.