Lautaro Abait: del sueño en las canchas de Tandil a la consagración nacional
El joven deportista local repasó su meteórica carrera, desde sus inicios en Rivadavia hasta el ascenso a la Liga Nacional con Once Unidos de Mar del Plata, marcando un camino de sacrificio y mística de equipo.
Lautaro Abait visitó los estudios de La Mañana, programa que se emite por El Eco Streaming, Eco TV y Tandil FM 104.1, para compartir su experiencia en el vóley de élite. Con 20 años y una imponente altura de 1.90 metros, el tandilense se convirtió en una de las promesas del deporte regional tras lograr el ascenso a la Liga Nacional de Vóley, la segunda categoría profesional del país. Durante la entrevista, recordó sus primeros pasos a los 15 años en el club Rivadavia, ubicado en Paz al 700, antes de dar el gran salto hacia Mar del Plata.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSu llegada al club Once Unidos no fue casualidad. Fue el reconocido jugador Leo Mali quien detectó su potencial y lo contactó para probarse en la ciudad balnearia cuando Lautaro tenía apenas 16 años. Desde aquel momento, el joven comenzó un régimen de extremo sacrificio, viajando todos los viernes, sábados y domingos para entrenar y competir, mientras intentaba cumplir con sus obligaciones escolares en SAFA y, posteriormente, en la Escuela de Educación Secundaria N° 2 (Comercio).
Equilibrar la vida académica con la exigencia del alto rendimiento no resultó sencillo. Abait reconoció que perdió eventos sociales significativos, como cumpleaños de 15 y reuniones de amigos, con tal de perseguir su meta de ser profesional. Esta determinación la traía consigo desde la infancia, ya que siempre buscó la excelencia en cada disciplina que practicó, ya fuera natación o rugby. Su entorno familiar, profundamente ligado a la historia comercial de Tandil a través de la icónica tienda textil, fue el sostén fundamental en este proceso de crecimiento.
Un camino de sacrificio y profesionalismo
El debut en la máxima categoría del vóley argentino le llegó de forma temprana, a los 17 años, en un partido contra San Lorenzo disputado en la ciudad de Buenos Aires. Abait recordó con emoción aquel encuentro en el que logró anotar tres puntos, una cifra significativa para un debutante en el nivel más alto. "Entré con un montón de nervios a una cancha gigante, pero salir después de hacer esos puntos fue lo mejor que me pasó", expresó el jugador al rememorar su primera experiencia en la Liga A1.
Tras un breve paso por la liga metropolitana en Buenos Aires, donde la experiencia habitacional no fue la óptima, decidió regresar a Once Unidos. Este retorno marcó el inicio de la etapa más gloriosa de su carrera hasta la fecha: el torneo federal disputado en San Juan. Durante diez días de competencia intensa, el equipo marplatense, con un plantel extremadamente joven que incluía jugadores de 15 y 16 años, logró imponerse ante rivales de gran jerarquía, como el representativo de Tucumán que venía de descender.
El misticismo del cuatro de copas y el futuro
Uno de los momentos más curiosos de la campaña fue el surgimiento de una mística similar a la de la selección argentina de fútbol. Antes de los octavos de final contra Club Hispano de San Juan, los jugadores realizaron un juego con cartas para predecir su destino. Tras barajar 11 cartas —en honor al nombre del club—, el capitán del equipo eligió el cuatro de copas. La coincidencia fue total cuando, al tirar la última carta, apareció precisamente esa figura, desatando la euforia en la habitación y consolidando la unión del grupo.
"Creo que la diferencia entre nosotros y los otros equipos fue que fuimos una familia de verdad", sentenció Abait, diferenciando el espíritu de su club frente a otras instituciones que apuestan meramente por contratos económicos. Esta cohesión los llevó a la consagración y al cumplimiento de promesas, como el corte de pelo al ras que Lautaro lució durante la entrevista. Para el joven, el éxito no solo fue deportivo, sino humano, forjado bajo la conducción técnica de Pablo Del Coto.
De cara al futuro, el tandilense tiene claro que su horizonte está en la profesionalización y el estudio. Planea mudarse definitivamente a Mar del Plata para disputar la próxima temporada y comenzar la carrera de profesorado de Educación Física. Aunque sueña con jugar en las ligas de Italia, Polonia o Francia —consideradas las mejores del mundo—, su prioridad inmediata es seguir creciendo con Once Unidos. En el largo plazo, Lautaro proyecta devolverle al vóley lo que le dio, con el sueño de abrir un club o un polideportivo propio para fomentar el deporte.