Depresión: señales de alerta que no siempre incluyen tristeza
En el marco de una nueva jornada de concientización global, profesionales de la salud analizaron el complejo escenario de la salud mental en la actualidad, con especial énfasis en el crecimiento de casos entre jóvenes y la aparición de cuadros de "depresión funcional".
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En el marco del Día Mundial de Lucha contra la Depresión, que se conmemora cada 13 de enero, diversos expertos e instituciones médicas resaltaron la importancia de identificar las señales de alerta de un trastorno que no siempre se manifiesta a través de la tristeza profunda.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl abordaje integral de esta problemática, que involucró tanto a organismos de salud nacionales como a referentes locales, puso el foco en cómo los cambios sociales y la presión del entorno influyeron en la manifestación de la enfermedad. En este contexto, se subrayó que la recuperación es posible siempre que se garantice el acceso oportuno a tratamientos especializados y se fomente un acompañamiento afectivo sólido.
La adolescencia se consolidó como una de las etapas de mayor vulnerabilidad frente a este trastorno. La médica y directora médica nacional de Ospedyc, Valeria El Haj, explicó que este período de la vida estuvo marcado por transformaciones físicas y emocionales que, en ocasiones, ocultaron un malestar persistente. La especialista señaló que la depresión pudo afectar a entre el 3,4 y el cinco por ciento de los adolescentes, aunque advirtió que la cifra real podría haber sido significativamente superior debido a la falta de diagnósticos precisos.
El desafío del diagnóstico en la juventud
Según indicaron desde diversos sectores sanitarios, la depresión en los jóvenes no siempre siguió los patrones convencionales. Muchos adolescentes no lograron poner en palabras su padecimiento o evitaron solicitar asistencia por temor al prejuicio o a la incomprensión de su entorno. Este silencio, de acuerdo a lo expuesto por El Haj, retrasó las intervenciones necesarias y prolongó el sufrimiento de los pacientes. La profesional remarcó que el dolor emocional estuvo presente incluso cuando no se expresó verbalmente, manifestándose a través de conductas que solían ser malinterpretadas por los adultos.
En lugar de la melancolía esperable, la depresión juvenil se presentó frecuentemente bajo la forma de una irritabilidad constante, enojo injustificado o un marcado aislamiento social. Los cambios en los hábitos de sueño, las alteraciones en la alimentación y el bajo rendimiento escolar funcionaron como indicadores clave. Además, se observó que muchos jóvenes abandonaron actividades que anteriormente les resultaban placenteras, lo cual debió ser tomado como una señal de alarma por parte de los padres y docentes.
La directora médica destacó que para quienes atravesaron este cuadro, incluso las acciones cotidianas más simples se transformaron en esfuerzos sobrehumanos. "Levantarse, concentrarse o hablar con alguien pudo vivirse como un peso enorme", describió la profesional, quien además enfatizó que no se trató de una "falta de voluntad". Por el contrario, la depresión fue definida como una enfermedad de origen multifactorial, donde interactuaron factores biológicos, emocionales, familiares y sociales que requirieron una mirada clínica profesional.
Entre los factores desencadenantes más comunes se mencionaron la presión académica, la autoexigencia y el fenómeno de la comparación constante en redes sociales. Asimismo, el bullying y los conflictos en el seno familiar actuaron como agravantes. Ante esta realidad, la escuela se posicionó como el primer espacio de detección, donde el trabajo articulado con la familia permitió intervenciones a tiempo. El sistema de salud, a través del pediatra o el médico de cabecera, resultó el eslabón fundamental para derivar a los pacientes a las áreas de salud mental correspondientes.
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La "depresión funcional" y el riesgo de la invisibilidad
Otro de los ángulos abordados fue la denominada "depresión funcional", un fenómeno que creció en los últimos años y que afectó a personas con altos niveles de productividad. A diferencia de los cuadros clínicos donde el individuo quedó incapacitado para sus tareas, esta variante permitió que los pacientes continuaran cumpliendo con sus obligaciones laborales y sociales, ocultando un malestar profundo. David Enriquez, médico psiquiatra del CMC Santiago del Estero de Boreal Salud, detalló que esta forma silenciosa convivió con las responsabilidades diarias, pasando inadvertida para el entorno.
Los síntomas de este tipo de depresión solieron confundirse con el estrés crónico o el agotamiento emocional propio de la rutina moderna. El cansancio persistente, la dificultad para disfrutar de los logros y una constante sensación de vacío fueron señales que, por lo general, se minimizaron. El riesgo principal de este escenario fue la consulta tardía, ya que al no encajar en el estereotipo del paciente deprimido, las personas postergaron la búsqueda de ayuda hasta que el cuadro alcanzó estadios más graves.
El contexto de hiperconectividad y la presión por mantener un rendimiento óptimo favorecieron la normalización del malestar emocional. Los especialistas coincidieron en que muchas personas llegaron a creer que sentirse mal era una parte inevitable de la vida cotidiana. Enriquez afirmó que esta "depresión invisible" solía detectarse recién cuando el cuerpo o la mente daban señales de colapso, por lo que instó a la población a no esperar a "tocar fondo" para consultar con un profesional de la salud mental.