A 60 años de la muerte del aviador tandilense Eduardo Olivero, un pionero de la aviación argentina
El 19 de marzo de 1966 falleció el aviador tandilense Eduardo Alfredo Olivero, protagonista de hazañas aéreas que lo convirtieron en una figura destacada de la aviación nacional. Su historia, marcada por la pasión por volar, incluye récords, misiones en la Primera Guerra Mundial y travesías aéreas inéditas entre América del Norte y la Argentina.
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La vida de Eduardo Alfredo Olivero quedó ligada para siempre a la historia de la aviación argentina y al orgullo de Tandil. Nacido el 2 de noviembre de 1896, creció en una época en la que los primeros aviones comenzaban a surcar los cielos del país.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailCuando esas máquinas voladoras llegaron a la Argentina en 1910, Olivero tenía apenas 13 años. Sin embargo, ya mostraba una determinación que marcaría su destino: aprender a volar. Aunque por su edad no le otorgaron licencia, perseveró en su objetivo hasta convertirse en aviador.
Su deseo de regresar a Tandil desde el aire lo llevó a protagonizar uno de sus primeros hitos. En 1914 se apoderó de un aparato de la escuela de aviación que dirigía el francés Pablo Castaibert en Villa Lugano y emprendió vuelo hacia su ciudad natal. De ese modo, el 14 de julio de ese año se convirtió en el primer aviador en llegar a Tandil por aire.
De Tandil a la Primera Guerra Mundial
Al estallar la Primera Guerra Mundial en 1915, Olivero decidió viajar a Europa para defender la tierra de sus padres. En Italia le ofrecieron el grado de oficial por su nacionalidad italiana, pero eligió alistarse como soldado raso para seguir volando como argentino.
Durante el conflicto integró una escuadrilla de ases comandada por el conde Francisco Baracca, uno de los pilotos más reconocidos del ejército italiano. A lo largo de numerosas misiones de combate acumuló méritos y condecoraciones por su valentía en el aire.
Hazañas, récords y accidentes
Tras su regreso a Tandil fue recibido como un héroe. Sin embargo, su carrera aérea continuó marcada por desafíos y riesgos.
En una exhibición sobre la Plaza Independencia, mientras volaba junto a Guillermo Truelo, el avión se incendió a unos 1400 metros de altura. Olivero sufrió graves quemaduras, pero logró aterrizar. Meses después, una vez recuperado, volvió a volar.
Entre sus proezas se contó un récord mundial de altura con pasajero. En otro intento de superar una marca sudamericana, utilizó papel de diario atado al cuerpo para soportar el frío extremo de las alturas. Durante ese vuelo se desvaneció y cayó desde unos 8000 metros, aunque milagrosamente sobrevivió al aterrizar en medio de una tropa de ganado.
El histórico vuelo entre Nueva York y Buenos Aires
Otra de sus grandes gestas fue el primer vuelo en hidroavión entre Nueva York y Buenos Aires. La travesía se realizó en el avión “Buenos Aires” junto a Bernardo Duggan y Julio Campanelli.
El recorrido se completó en 37 etapas a lo largo de 81 días, en un itinerario lleno de dificultades que incluyó un acuatizaje de emergencia y una odisea en la selva amazónica. Tras permanecer una semana aislados, los aviadores fueron rescatados por una lancha de pescadores.
Un regreso simbólico a su ciudad
En 1964, al cumplirse cincuenta años de su primer vuelo sobre Tandil, Olivero volvió a sobrevolar la ciudad en un vuelo evocativo que recordó aquella histórica llegada de 1914.
Dos años después, el 19 de marzo de 1966, falleció en Buenos Aires, cerrando una vida marcada por aventuras aéreas y por su aporte pionero a la aviación del continente.
Su historia, recordada por instituciones aeronáuticas y por generaciones de tandilenses, sigue siendo un símbolo de audacia, pasión por volar y espíritu aventurero.
* Texto del Instituto de Estudios Aeroespaciales My. Eduardo Olivero
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil