El campo advierte sobre la falta de stock para liquidar y el impacto de la alianza con Estados Unidos
El dirigente de la Federación Agraria Argentina, Dardo Alonso, analizó la compleja situación del sector agropecuario frente a las presiones del Gobierno nacional para la liquidación de divisas. Advirtió sobre el impacto de la sequía en la cosecha gruesa y cuestionó las condiciones de los acuerdos internacionales que podrían derivar en leyes de semillas y patentes perjudiciales para los productores locales.
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/02/dardo_alonso.jpeg)
El escenario para el sector agropecuario nacional presenta aristas de alta complejidad que combinan factores climáticos adversos con una creciente presión política y económica. Dardo Alonso, referente de la Federación Agraria Argentina, explicó que el campo viene de un ciclo donde ya se liquidaron 40 mil millones de dólares, lo que deja un margen escaso de maniobra para las exigencias actuales del Gobierno nacional. Según el dirigente, la cosecha fina fue buena en volumen, pero el trigo presentó una baja calidad panaderil que, afortunadamente, fue absorbida por el mercado de China.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailRespecto a la actual campaña, Alonso manifestó que existe una gran cautela por los efectos de la sequía en la cosecha gruesa, que incluye girasol, soja y maíz. El dirigente fue tajante al señalar que no es posible vender lo que todavía no se tiene o lo que no se sabe si se podrá cosechar. En zonas como Tandil, la situación climática se volvió crítica, ya que la última precipitación de 18-20 milímetros ocurrió en diciembre, mientras que otras regiones bonaerenses pasaron de tres años de sequía a estar bajo el agua.
La situación financiera de los pequeños y medianos productores es uno de los puntos más preocupantes del análisis. Alonso insistió en que este eslabón de la cadena no tiene excedentes para liquidar, ya que muchos apenas lograron cubrir los compromisos previos y ahora deben afrontar los altos costos de la cosecha gruesa sin certezas sobre el rinde final. "Hay casos donde ya les han echado las vacas a los maíces", graficó para ilustrar la pérdida de lotes que no llegaron a desarrollarse por la falta de agua.
A este panorama le sumó la inestabilidad de precios en producciones regionales como la papa, que sufrió una caída estrepitosa de nueve mil a cinco mil pesos por bolsa en apenas una semana. El dirigente describió que la sobreoferta y la pérdida de competitividad frente a países como España, que actualmente provee a las fábricas de Brasil, complican el horizonte económico.
Bajo estas premisas, ratificó que los productores que tengan la posibilidad de esperar van a aguardar por un mejor valor antes de desprenderse de su producción.
El aporte de divisas y la asimetría con otros sectores
Uno de los ejes centrales del reclamo de la Federación Agraria Argentina radica en la desproporción de las exigencias fiscales que recaen sobre el agro en comparación con otras actividades extractivas.
Alonso cuestionó que se le pida constantemente un mayor esfuerzo al campo, que aporta entre 40 y 50 mil millones de dólares anuales, mientras que la minería, considerada el "boom económico" del país, contribuye con apenas ocho mil millones de dólares. El dirigente lamentó que el sector agropecuario siga siendo "el malo de la película" a pesar de su rol fundamental en la generación de divisas.
En relación a la política de retenciones, recordó con amargura experiencias recientes donde los beneficios para la exportación tuvieron una vigencia extremadamente breve, siendo aprovechados por unas pocas grandes firmas que consumieron los cupos disponibles. Esta falta de previsibilidad se traduce en una desconfianza generalizada del productor, quien observa cómo los precios de la soja sufrieron una deflación, pasando de 500 mil pesos por tonelada en diciembre al valor actual de 460 mil pesos.
Alonso también dirigió sus críticas hacia las prioridades de gasto del Estado, cuestionando la reciente compra de armamento, buques y portaaviones. "Por qué no pagamos lo que debemos y después hacemos otras cosas", se preguntó el dirigente.
La incertidumbre económica y financiera se mantiene latente hasta que se inicie formalmente la trilla del girasol y la soja. Para el dirigente, el panorama es "climáticamente complicado", y la falta de una política coherente a largo plazo impide que el productor pueda planificar con seguridad. Esta inestabilidad se refleja en la toma de decisiones diarias, donde la prioridad absoluta es garantizar la subsistencia de la unidad productiva frente a un mercado que no ofrece garantías.
El impacto de la alianza con
EE.UU. y leyes polémicas
En el plano internacional, Dardo Alonso advirtió sobre las implicancias de la alineación geopolítica con Estados Unidos, dejando ver que la ayuda económica suele esconder exigencias estructurales.
"La ayuda de Estados Unidos no es gratis", sentenció, haciendo referencia a la presión por reflotar la ley de semillas y las patentes de medicamentos. Según explicó, estas iniciativas buscan que el productor deba pagar regalías de forma recurrente a los grandes semilleros internacionales, un modelo que aún no tiene aceptación plena en América.
El dirigente detalló que la intención de estas corporaciones es cobrar un porcentaje por el uso de la semilla durante varios años después de la compra inicial, eliminando el derecho al uso propio que históricamente defendieron las organizaciones agrarias. Además, alertó que la apertura económica podría vulnerar la protección que Argentina mantiene contra ciertas patentes internacionales, lo que representaría un cambio drástico en las reglas de juego para la producción nacional.
Al comparar la situación local con la de Brasil, Alonso destacó la falta de un "norte" político en nuestro país. Mientras que el vecino país mantiene una política agropecuaria coherente independientemente del signo ideológico de su gobierno, Argentina mantiene el mismo stock ganadero desde hace más de 20 años. En contraste, en tierra carioca se ha logrado multiplicar su producción de carne, contando con un cuerpo legislativo donde el sector rural tiene una participación activa y estratégica.
Finalmente, el referente agrario se refirió a la situación de la ganadería, donde si bien los precios han subido, la producción de terneros en zonas clave como la Cuenca del Salado es alarmantemente baja, rondando apenas el 40 ó 50 por ciento. Advirtió que los altos valores de inversión actuales representan una barrera de entrada infranqueable para los pequeños productores, aunque celebró la tendencia de buscar novillos más pesados para mejorar la eficiencia del stock nacional.
Más de 143 años escribiendo la historia de Tandil