Entre el clima y los mercados, Dardo Alonso analizó el futuro de la cosecha
El referente de la Federación Agraria evaluó los desafíos del campo y las incertidumbres que enfrentan los productores.
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La realidad del campo argentino se mide, muchas veces, en milímetros. La última lluvia considerada "más o menos normal", que osciló entre los 15 y 18 milímetros, se registró en diciembre, dejando a los productores en una situación de extrema vulnerabilidad. La escasez hídrica, sumada a la incertidumbre climática, genera un escenario complejo donde la planificación se convierte en un desafío constante.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailDardo Alonso, representante de la Federación Agraria y del sector agropecuario local, explicó que la cosecha de trigo se liquidó rápidamente para cumplir con los compromisos comerciales, pero el panorama de la llamada “gruesa” —que incluye cultivos como girasol, soja y maíz— es profundamente incierto. "No se sabe si va a cosechar 1000 kilos de girasol o 2000 de soja. Hay casos que ya le han echado la vaca a los maíces", indicó. Esta situación refleja no solo la fragilidad del sistema productivo ante la variabilidad climática, sino también la necesidad de contar con herramientas que permitan mitigar los riesgos que afectan directamente la economía de los productores.
La economía del sector agropecuario no solo se ve afectada por el clima, sino también por la volatilidad de los precios internacionales. Alonso señaló que la soja, principal producto de exportación, ha experimentado una deflación significativa, pasando de valer 500.000 pesos la tonelada en diciembre a 460.000 pesos en la actualidad. A esta problemática se suma el persistente reclamo por las retenciones y la percepción de que el sector es tratado constantemente como un recurso de emergencia del Estado. "El campo es el que salva las papas y es el que paga los platos rotos porque el Gobierno nunca está conforme", sentenció. En ese sentido, comparó el aporte del agro con el de la minería y manifestó que, mientras el campo genera entre 40 y 50 mil millones de dólares, "es el malo de la película, el que no genera empleo".
La mirada de Alonso también se extendió a la política internacional y a los riesgos que implica la apertura comercial, especialmente con Estados Unidos. El referente advirtió que la ayuda exterior rara vez es gratuita y que suele estar acompañada de presiones en temas sensibles como la Ley de Semillas y las patentes de medicamentos. Para ilustrar el conflicto en torno a las regalías sobre semillas, recurrió a una metáfora sencilla pero contundente. "Usted compra un toro, lo paga y se terminó el contacto con el proveedor. Ahora lo que se está proponiendo es que se le siga pagando a ese proveedor", sostuvo, cuestionando así la pretensión de cobrar regalías por varias temporadas después de la adquisición inicial.
En lo que respecta a la ganadería, el diagnóstico es igualmente preocupante. Alonso remarca que el stock ganadero argentino prácticamente no ha cambiado en los últimos 40 años, mientras que competidores regionales como Brasil lo han multiplicado por cinco gracias a políticas de Estado sostenidas en el tiempo. Actualmente, el desafío principal es producir novillos más pesados para exportación, un proceso que exige tiempo y respaldo financiero sólido. "Si antes se vendía un novillo con 300 kilos en 3 años, eso puede llevar 4 o 5 años", aclaró, subrayando la necesidad de planificación estratégica y de inversión en el sector.
A pesar de las dificultades estructurales y de los vaivenes del mercado, Alonso destacó la capacidad de innovación del productor argentino. Señaló, por ejemplo, el impacto global del silo bolsa, un invento nacido en Tandil que hoy se utiliza en todo el mundo, incluso en escenarios de conflicto bélico como el de Ucrania. "Están pasando cosas en el país y bienvenido sea", concluyó, reconociendo que la tecnificación, el uso del riego y otras herramientas modernas están permitiendo obtener rendimientos inéditos en zonas donde era impensado producir.
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