Este domingo, la Diócesis de Azul realizará una peregrinación al Calvario de Tandil
El Obispo Hugo Manuel Salaberry invitó a la comunidad a participar del encuentro, que buscará reflexionar sobre la realidad social.
En vísperas de un nuevo encuentro espiritual que cada año convoca a cientos de fieles, el obispo de la Diócesis de Azul, Hugo Manuel Salaberry, compartió sus reflexiones sobre la tradicional peregrinación al Calvario de Tandil, que se realizará el próximo domingo y reunirá a creyentes de distintos puntos de la región.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa diócesis que encabeza Salaberry abarca 14 partidos del centro y sudeste de la provincia de Buenos Aires, por lo que este encuentro religioso se ha consolidado con el tiempo como uno de los momentos más significativos del calendario pastoral para comunidades de la región. En ese contexto, el obispo destacó que la peregrinación resulta "conmovedora y consoladora" para los asistentes.
Según explicó, la jornada seguirá el formato tradicional que caracteriza a esta celebración religiosa. Los peregrinos recorrerán las estaciones del Vía Crucis a través de los distintos sectores del Calvario y, al finalizar el trayecto, se celebrará la misa en la parte superior del predio, al pie de la gran cruz que corona el lugar.
El Calvario tandilense es, desde hace décadas, un espacio de referencia para la espiritualidad de la región. Allí confluyen familias, grupos parroquiales y comunidades enteras que encuentran en la caminata y la oración compartida un momento de recogimiento, reflexión y encuentro comunitario. Para Salaberry, la peregrinación representa también un signo visible de unidad dentro de la diócesis.
Reflexiones en un contexto social complejo
Durante su intervención, el Obispo no se limitó a referirse a la dimensión litúrgica del evento, sino que vinculó el sentido de la fe con la realidad social contemporánea. En ese sentido, describió el presente como un “mundo irritable”, marcado por tensiones, incertidumbres y situaciones de dolor que atraviesan tanto a la sociedad global como al país.
Frente a ese panorama, remarcó algunos valores que, a su entender, resultan fundamentales para sostener la vida comunitaria. Uno de ellos es el rol de la familia, a la que definió como un pilar esencial para acompañar a las personas en momentos de dificultad.
Otro aspecto destacado por el obispo fue lo que denominó “la riqueza de los pobres”. Con esa expresión, hizo referencia al valor del trabajo digno y a la necesidad de generar oportunidades laborales estables que permitan a las nuevas generaciones desarrollarse con seguridad y perspectivas de futuro.
En este escenario desafiante, el obispo subrayó que una de las tareas centrales de la Iglesia es acompañar a la sociedad en medio de las dificultades cotidianas para “vislumbrar horizontes y luces” que orienten el camino.
Desde esa mirada, la peregrinación al Calvario adquiere un significado que va más allá de la práctica devocional, transformándose en un espacio de encuentro y renovación de la esperanza colectiva.
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