La historia de Mauricio, el cuidador de autos que hace casi 40 años trabaja en la base del Calvario
"Siempre me van a encontrar acá", aseguró. Una historia de vida.
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Turistas y vecinos que visiten El Calvario lo van a encontrar en la entrada del cerro, con su bandera roja y un infaltable cordial saludo: “vayan tranquilos”. Se trata de Mauricio, el cuidador de autos que –entre idas y vueltas-, hace casi 40 años que trabaja en el lugar, de “8 a 8” y de enero a diciembre. Si bien tuvo otros empleos, desde que le diagnosticaron diabetes se quedó en su cuadra de la avenida Monseñor de Andrea, donde lo conoce “todo el mundo” y donde sabe que entran 15 vehículos por lado, bien acomodados.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailNació en Villa Cordobita, por lo que camina la zona desde que apenas si había casas y comercios. “Esto eran todos frutales, y después se vendió”, dijo señalando el área cercana al Monasterio Carmelitas Descalzas, donde se ubican una cafetería y tiendas de recuerdos. “Ni el bulevar existía”, sumó, dando cuenta de su condición de testigo de una transformación que no es solo edilicia, sino también de modalidad del turismo en la ciudad, el cual hace tiempo dejó de ser en su mayoría religioso.
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Mauricio empezó desde muy chico a cuidar autos en el lugar, junto a otros amigos del barrio. “En ese momento éramos un montón”, dijo sobre sus inicios. Al igual que entonces, durante la mañana del sábado él continúa -“a colaboración”- dando indicaciones para el estacionamiento de los visitantes. “Tengo solo dólares”, bromeó un turista mientras buscaba en su billetera.
“Esto para mí es un trabajo. Estoy acá de 8 a 8 y si me tengo que quedar más, me quedo. Cuando hay bautismos o casamientos, se me hace más tarde. Pero hay que estar. Llueva, truene, hay que estar”, aseguró el cuidacoches, quien hizo de la confianza su principal capital laboral. Por eso, más allá de acomodar los vehículos, Mauricio es un punto de consulta turístico central en la zona. “Yo los mando para todos lados”, aseguró.
“Siempre me van a encontrar acá”
“Empecé a venir, seguí, me fui y volví. Y cuando me diagnosticaron la diabetes, ahí ya no me dieron más trabajo porque no me puedo lastimar”, contó Mauricio. En algunos de los períodos que tuvo otras ocupaciones, su papá Roberto fue quien ocupó su lugar. Incluso llegaron a turnarse, unas horas cada uno, mañana y tarde.
“Esta es mi partecita”, indicó sobre la cuadra en la que trabaja, desde la entrada del cerro hasta la esquina de Payró. De memoria, aseguró que entran “bien acomodados”, unos 15 vehículos por lado.
“Tengo mil clientes. Vienen cada tres años, cada dos años, cada un mes, siempre vienen, y siempre me van a encontrar acá. Primavera, otoño, invierno y verano”, sostuvo. Al momento de definir su trabajo, prefirió hacerlo como cuidador de autos. “Tampoco soy trapito, porque trapitos andan en la plaza, con un trapo en la mano. Yo jamás uso trapos”, afirmó, con su bandera roja en la mano.
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Aunque Semana Santa sigue siendo una temporada fuerte, Mauricio sabe que el turismo en la ciudad cambió. “Cambió muchísimo. Hace mucho que la gente ya no lo elige por religión. Vienen a pasar feriados largos, a disfrutar del paisaje. Ahora en febrero vienen los carnavales, que son 4 días y la gente anda como si fuera Semana Santa”, sostuvo.
Desde su cuadra en Monseñor de Andrea, Mauricio también sabe que muchos turistas siguen eligiendo Tandil. “Y cada año lo eligen más. Por TikTok y por Instagram tiene mucha propaganda. Yo no tengo teléfono, pero veo en el de mi señora y es impresionante. Los dinosaurios, los atardeceres, la cascada”, marcó.
Después de tantos años en El Calvario, para el cuidacoches el cerro es más que su lugar de trabajo: “Para mí es algo sagrado y me molesta cuando lo rompen. Igual que hace unos meses cuando cortaron árboles. Si hay un árbol que molesta, bajen ese árbol, no corten veinte, porque dejan todo pelado. Cortaron eucaliptos que estaban plantados desde el año ’43”.
Tras despedirse, Mauricio continuó con su tarea de todos los días. Observó que un auto buscaba estacionamiento en el lugar, levantó la bandera roja y le señaló un espacio vacío. Cuando los visitantes se bajaron para comenzar a subir hasta la cruz, el cuidacoches los saludó y con una sonrisa les dijo “vayan tranquilos”.
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