Iluminados
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Lo conozco de hace casi sesenta años a mi amigo El Gordo y sé que los domingos son su peor día de la semana. En tal sentido, es como la mayoría, pero a diferencia de muchos –que el domingo a la tardecita nos empieza a agarrar cierto bajón- él se pone de muy malhumor desde temprano. Su enojo tiene un gran poder residual. Por caso, los lunes a la mañana en el colegio era imposible hablarle. Incluso algunos maestros o profesores evitaban no ya tomarle lección sino tan siquiera nombrarlo para dar el presente. Los martes seguía alunado, al igual que los miércoles. El jueves, cerca de la hora del timbre de salida, comenzaban las primeras sonrisas. Los viernes era insoportable, un canto a la alegría desmedida que le duraba hasta el sábado a la noche.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEs decir, dos días a la semana El Gordo es feliz. Se desprende que de sus casi 65 años se pasó 47 alunado. No es vida. Sobre todo, para quienes lo rodeamos.
Ayer fue domingo y cuando vi su mensaje –un link- supe que no era buena cosa. Porque hay veces –los domingos o los lunes- en que no puede más con su enojo y si no tiene a nadie alrededor para pelear, sale a su encuentro. El whatsapp atempera un poco esos malos momentos a terceros.
