Un hombre solitario en la Patagonia

Por Tomás Desimone
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEsta historia comienza en el año 1930, con Alejo “Tuco” Etcheverry un hombre difícil de llevar. No se sentía cómodo con cualquiera, era un ermitaño, tenía un mal carácter y es por ese motivo que él vivía solo. Alejo era tío abuelo de mi abuela paterna.
Él se levantaba muy temprano a la mañana, lo primero que hacía era desayunar algo rápido para ya empezar a trabajar en sus cosas. Iba a ver cómo estaban sus animales y les daba su comida por separado. Luego de estar toda la mañana en ese lugar, volvía a su casa para poder comer algo. Salía solo algunos días del mes nada más a buscar comida a la ciudad cuando necesitaba. Tardaba algunas horas en llegar, pero no le quedaba otra opción que ir hasta allá para comprar víveres. Llegaba casi de noche para bañarse y cenar. Antes de acostarse volvía a darle de comer a sus animales y los metía en sus corrales. Cuando terminaba cerraba toda la casa y se iba a dormir temprano.