Fiesta popular, contención social y también turismo
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Los primeros registros de festejos carnavaleros en Tandil datan de más de un siglo y medio atrás, década de 1860. Todavía no había diarios, pero el inmigrante español Manuel Suárez Martínez los reflejó en sus “Memorias Autobiográficas”.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn tanto tiempo transcurrido, las historias y anécdotas son muchísimas. Y tampoco debe extrañar el clásico dicho: “Carnavales… eran los de antes…”. Pero vayamos a los de ahora, ya que acaba de realizarse la edición número 22 del “Carnaval de mi Tandil”.
Lo primero que se nos ocurre es felicitar a los participantes, a esos chicos y chicas de cada barrio que tanto trabajaron para poder desfilar. Y a Cultura del municipio por haber decidido seguir apoyando este acontecimiento, en un momento sumamente difícil para las economías gubernamentales, por motivos que sería ocioso explicar.
Es verdad que hubo tiempos mejores, con posibilidades de mayor compromiso municipal, en que hasta se pudo intercalar la fiesta con la gente de Vela y Gardey. Hasta en tren pudimos ir a esas localidades, unos 15 años atrás.
Pero lo concreto es que se hizo. Y el marco de público fue imponente, difícil de creer para quienes no estuvieron presentes. Tal vez un promedio muy cercano a las veinte mil personas por noche, teniendo en cuenta que mucha gente concurre durante una o dos horas, se retira y luego llegan otros. El Carnaval demostró una vez más que es la fiesta popular por excelencia.
Y que la gente se merece tener al menos durante unos pocos días al año, espacios de esparcimiento de manera gratuita, como felizmente ocurre aquí. Por otro lado, en las distintas agrupaciones desfilan adultos, pero también niños y adolescentes de varias barriadas. Esto último, no nos dice nada si no lo analizamos desde la óptica de la contención social. Esos chicos y chicas, entre el aburrimiento, los celulares y la falta de oportunidades, tal vez estarían en la calle en los meses previos, durante los ensayos. Y la calle no es la mejor consejera, por razones que todos conocen y comprenden. La cultura y el deporte, son siempre sanadores y salvadores.
Pero si profundizamos, podemos afirmar que carnaval puede ligarse también al turismo. Si bien hubo visitantes que se acercaron a la “Avenida del Encuentro” en estas cuatro noches, no fueron muchos. Es posible que para lograr un nivel de atracción mayor, debieran intensificarse los cursos y talleres en todos los barrios, relacionados con la temática.
Maestros de murga, comparsas y afines. Algunos se vienen dictando, pero no alcanza. Todo tiene su costo, pero valdrá la pena. Incluso, si pretendemos difundir nuestro “Carnaval de mi Tandil” como atracción turística, debiera invitarse a este sector a colaborar en esta apuesta.
No sólo por las eventuales ocupaciones hoteleras, sino para permitir que a través de estas fiestas populares, centenares o miles de convecinos de distintas edades puedan tener un espacio para soñar y crecer. Que no es poco. Será un pequeño y muy valorable esfuerzo. Una inversión, y no un gasto.
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