Nuevo modo de acción ante el desafío de proteger de malezas a los cultivos de invierno
Tandil se posicionó en el centro neurálgico del debate agrícola regional con la convocatoria de Corteva a productores, asesores y especialistas presentar herramientas ante una de las mayores amenazas de la productividad: la resistencia de las malezas.
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La presentación de un herbicida con un nuevo modo de acción para el control residual de crucíferas en trigo y cebada reactualizó el notable avance de la problemática de las malezas.
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Corteva Agriscience presentó Gallery, que llega para establecer un nuevo estándar de residualidad y selectividad en el segmento de residuales para cereales de invierno.
En un salón colmado y con una amplia audiencia vía streaming, la jornada dejó en claro que el manejo tradicional está agotado y que el futuro exige una integración inteligente entre la agronomía de precisión y la innovación química. La presencia local estuvo marcada por referentes de Rindes y Cultivos DAS, socio estratégico de Corteva en la región.
Inicialmente el ingeniero agrónomo Víctor Juan, magíster en producción vegetal y docente de la Unicen, trazó un diagnóstico crudo sobre la situación sanitaria en la zona. Según el especialista, el foco de preocupación actual es el nabo silvestre, una maleza que ha desarrollado una alarmante capacidad de supervivencia frente a múltiples mecanismos de acción.
"Estamos reportando resistencias al 2,4-D y a la fluorocloidona (herbicidas PDS)", entre otras, explicó Juan, señalando que el sistema está bajo una presión de selección constante. El problema se agrava porque, ante la falta de alternativas, los productores suelen recurrir al "monoproducto", utilizando la misma herramienta durante años, lo que acelera el proceso evolutivo de la maleza. Esta situación ha llevado a que productos que históricamente fueron efectivos hoy presenten fallas de control o una sensibilidad drásticamente reducida.
Del "enamoramiento" al uso indiscriminado
Para Víctor Juan, gran parte del problema radica en el manejo. El especialista advirtió sobre el error recurrente de "enamorarse" de una nueva molécula apenas sale al mercado. "Casarse con un producto y usarlo como si fuera la única herramienta es lo peor que podemos hacer, porque acortamos su vida útil", sentenció.
Mientras que existen herbicidas que han permanecido 40 años en el mercado sin generar resistencia, otros han sido "quemados" en apenas tres o cuatro años debido a un uso mal planificado. Juan detalló que prácticas como aumentar las dosis de forma arbitraria para intentar ganar días de residualidad no solo son ineficientes a largo plazo, sino que atentan directamente contra la durabilidad de la tecnología.
El control cultural como prioridad
Frente a la dependencia química, el asesor destacó la urgencia de revalorizar el control cultural, al que calificó como la herramienta más económica y, paradójicamente, la menos aprovechada por el productor. Este enfoque no requiere de grandes inversiones, sino de una organización rigurosa del sistema productivo.
Brindarle al cultivo las mejores condiciones competitivas es clave: esto incluye la siembra en tiempo y forma, la elección de semillas con alto vigor y libres de impurezas, y asegurar una profundidad y densidad de siembra óptimas. Juan ilustró este punto con un ejemplo cotidiano: cuando un productor retrasa la siembra por cuestiones logísticas ajenas al clima, está poniendo al trigo en desventaja frente a las plagas, dándole una ventana de oportunidad a la maleza para colonizar el lote.
Consultado sobre el rol de los productos de origen biológico, Juan fue cauteloso. Si bien reconoció que el mercado está exigiendo estas soluciones, señaló que en el área de los herbicidas la disciplina está en una etapa inicial. A diferencia de los insecticidas o fungicidas, donde el desarrollo es mayor porque se pueden aplicar directamente en la rizósfera junto a la semilla, lograr herbicidas biológicos con selectividad y residualidad es un desafío técnico complejo. Por el momento, deben considerarse herramientas complementarias y no sustitutos totales del control químico.
Apuesta tecnológica
La empresa Corteva Agriscience cobró protagonismo al presentar su respuesta estratégica a este escenario: Gallery, un nuevo herbicida pre-emergente destinado a los cultivos de trigo y cebada.
Diego Moneta, líder de protección de cultivos de la compañía, destacó que la elección de Tandil para este lanzamiento no fue casual, dada la importancia estratégica de la región para la campaña de fina. "Gallery viene a complementar las herramientas que ya tenemos, como Curtail y Merit, dándole al productor una opción clave para la rotación de modos de acción", explicó Moneta.
La gran novedad de Gallery reside en su mecanismo de acción: es un inhibidor de la síntesis de celulosa. Según lo expuesto en la jornada, esta molécula es novedosa para el país y, lo que es más importante, no tiene registros de resistencia en ninguna parte del mundo hasta la fecha. Esto lo convierte en un aliado fundamental para manejar poblaciones de crucíferas que ya muestran resistencia a otros productos como la fluorocloidona.
Moneta subrayó que este lanzamiento es parte de un proceso constante de I+D (Investigación y Desarrollo) de la firma, que el año pasado ya había introducido el fungicida Viovan y que ya trabaja en nuevas soluciones para el próximo año. "Trabajamos por cultivo para traer soluciones integrales contra las diversas plagas y adversidades que enfrentan los asesores", afirmó el directivo.
Finalmente, se confirmó que Gallery estará disponible para los distribuidores a partir de la próxima semana, justo a tiempo para el inicio de la siembra de la campaña de fina. Con la aprobación del Senasa obtenida recientemente, la empresa se enfoca ahora en la capacitación técnica para que los productores puedan probar y adoptar esta tecnología con un manejo responsable que evite repetir los errores del pasado.
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