El tano tanguero que incendió su local en Tandil y recibió un puntapié en las costillas
Intentó quemar su negocio para cobrar el seguro, fingió sorpresa ante las llamas y la farsa se desmoronó cuando una vecina lo castigó en plena calle.
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Cuando una noche de fines de mayo de 1932 la vecina señora Florinda Dátola de Roberti percibió un fuerte olor a nafta, no dudó, en absoluto, de las intenciones de su inquilino de prenderle fuego al local para resarcirse, a costa de las compañías aseguradoras, de la difícil situación económica que atravesaba. Porque “el tano” -como le decían-, dueño del comercio "La gran muñeca", andaba tan mal que era capaz de cualquier cosa para revertir su situación.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEran aproximadamente las diez de la noche, cuando la dueña de casa que tenía una sastrería en el salón lindero de San Martín 629, donde vivía con sus hijos en la casa que daba al fondo, junto a la posibilidad cierta del incendio, comenzó a temer seriamente por la seguridad suya y de los suyos, ya que no tenían otra salida que el zaguán que dividía ambos locales.
De ahí que creyera prudente avisar a la policía. Fue por ello que mandó a uno de sus hijos para que diera cuenta de la situación. Y como los uniformados no le dieron importancia a la denuncia, ella misma tomó el teléfono y habló con el comisario Prilidiano Sánchez Boado.
