Prevenir caídas: fuerza, conciencia y hábitos cotidianos que protegen la independencia
Pueden ocurrir a cualquier edad, pero su impacto es mayor en los adultos mayores, donde aumentan las lesiones y la pérdida de autonomía. Desde la rehabilitación y la actividad física, un equipo interdisciplinario impulsa talleres y recomendaciones prácticas para fortalecer el cuerpo, mejorar el equilibrio y disminuir riesgos tanto en la calle como en casa.
Si bien las caídas pueden afectar a personas de todas las edades, su incidencia y consecuencias son mayores en los adultos mayores. “Con el paso del tiempo aparecen cambios fisiológicos, menor fuerza muscular, alteraciones del equilibrio y mayor rigidez articular, lo que aumenta el riesgo de caerse y de sufrir lesiones más graves”, explicaron Mariana Iriani, terapista ocupacional, y Nicolás Cantón, profesor de Educación Física, integrantes del Hospital “Julieta Lanteri”, exdispensario.
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En diálogo con Eco Salud de El Eco Multimedios, los profesionales del equipo que trabaja en el área de rehabilitación, explicaron que se realiza un abordaje interdisciplinario que integra rehabilitación respiratoria y actividad física, con el objetivo de prevenir lesiones y mejorar la calidad de vida.
El espacio de rehabilitación se divide en dos grandes áreas: la respiratoria —a cargo de un kinesiólogo— y la de actividad física y terapia ocupacional. “Nos coordinamos con todos los talleres del hospital para abordar la prevención desde distintos frentes”, señalaron.
Los factores que intervienen en las caídas
La prevención de caídas contempla múltiples factores. “Existen procesos fisiológicos como la edad, patologías frecuentes como artrosis o artritis y enfermedades neurológicas que afectan el equilibrio y la coordinación. Prevenir no significa que nunca te caigas, sino estar más preparado”, puntualizó Iriani.
En ese sentido, subrayó que “la palabra clave es fuerza: a partir de la fuerza se organiza todo para prevenir una caída o, si ocurre, que el daño sea el menor posible”.
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El entrenamiento se adapta a cada persona. “Es individual y acorde a la edad. No hace falta ir a un gimnasio: con ejercicios simples en casa alcanza”, manifestó Cantón, quien remarcó que se busca “fortalecer músculos, mejorar la flexibilidad, la coordinación y el equilibrio, lo que reduce el riesgo en los dos escenarios donde más se registran caídas que son la calle y el hogar”.
En la vía pública, el calzado es determinante. “Ojotas o chinelas, arrastrar los pies, baldosas rotas, raíces levantadas, poca iluminación, caminar apurado o con el celular en la mano aumentan la probabilidad de caerse”, indicaron. También mencionaron situaciones cotidianas como llevar bolsas, cruzar apurados por el semáforo o subir a un colectivo que arranca rápido.
Los espacios donde más se reiteran
Dentro de la casa, los riesgos se repiten. “Levantarse apurado sin sentarse unos segundos en la cama, no prender la luz de noche, alfombras sueltas, habitaciones sobrecargadas de muebles y el baño sin elementos de seguridad son factores comunes”, apuntó Iriani, por lo que recomienda “alfombras antideslizantes, agarraderas, evitar superficies resbaladizas y prestar atención a productos que vuelven el piso jabonoso”.
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La actividad física cumple un rol central. “La sentadilla es un ejercicio ‘estrella’ porque lo hacemos todo el tiempo sin darnos cuenta: al levantarnos de la cama, sentarnos en el inodoro o en una silla”, enumeró Cantón. A partir de esa base, propone progresiones simples que suman equilibrio y coordinación, siempre respetando las posibilidades de cada persona y sin apurarse.
“Con 10 sentadillas, dos o tres veces al día, ya se fortalece la musculatura de los miembros inferiores. Si fortalecés grandes grupos musculares como el cuádriceps, incluso si te caés, podés disminuir el riesgo de fracturas”, subrayó.
A eso se suman hábitos saludables: “caminar algunas cuadras más, usar escaleras en lugar de ascensor de manera progresiva y evitar subirse a banquetas para alcanzar objetos altos”.
Las lesiones más frecuentes
Las lesiones que más se repiten asociadas a caídas incluyen fractura de cadera, cada vez más común en adultos mayores, tobillo, hombro, manguito rotador y muñeca. “La falta de fuerza y reflejos pueden hacer que la persona no llegue a apoyar las manos y golpee con la cara”, alertaron.
La experiencia en talleres refuerza el mensaje. “En encuentros de dos horas aparecen muchas realidades distintas. Cada persona cuenta su experiencia y aprende a adaptar su espacio”, contaron. “El impacto fue tal que la institución incorporó estos talleres al protocolo de control del adulto mayor, con nuevas ediciones previstas”, anticipó Iriani.
En los encuentros presenciales, el intercambio con los participantes permite dimensionar la magnitud del problema. “Cuando abrimos la charla y preguntamos quiénes se cayeron alguna vez, se levantan muchas manos”, apuntaron los profesionales.
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Las situaciones se repiten: tropiezos en la vereda, resbalones en el baño, caídas al levantarse apurados de la cama o al intentar subir a una banqueta para alcanzar un objeto.
Muchas personas cuentan que se caen en la calle “por una baldosa rota, una raíz levantada o porque iban apuradas”, mientras que otras reconocen que el calzado inadecuado es un factor frecuente. “Aparece mucho el relato del arrastrar los pies, de caminar con ojotas o chinelas, o de llevar bolsas que dificultan el equilibrio”, describieron.
En el hogar, los testimonios se vuelven aún más cotidianos. “Nos dicen que se levantan de noche sin prender la luz, que creen saber por dónde van y terminan chocando con la cama o una mesa de luz”, describieron. El baño surge como uno de los espacios más riesgosos: “resbalones con el jabón, el shampú, la falta de alfombras antideslizantes o agarraderas son situaciones que se repiten una y otra vez”.
El miedo también aparece como un denominador común, especialmente en quienes ya sufrieron una caída. “Muchos dicen ‘desde que me caí camino más despacio, doy pasos más cortitos, tengo miedo de volver a caerme’”, contaron los profesionales. Ese temor, explicaron, muchas veces reduce la movilidad y termina aumentando el riesgo, ya que la falta de movimiento genera más debilidad muscular y pérdida de equilibrio.
Los talleres funcionan entonces como un espacio de escucha y aprendizaje compartido. “Cada persona trae su historia y, a partir de eso, trabajamos cómo adaptar la casa, cómo cambiar pequeños hábitos y cómo incorporar ejercicios simples a la rutina diaria”.
Para el equipo, poner en palabras estas experiencias permite que los participantes tomen conciencia de que las caídas no son hechos aislados ni inevitables, sino situaciones que pueden prevenirse.
“El objetivo es que la gente tome conciencia: cuidarse es clave para evitar depender de otros. Con ejercicios diarios y cambios simples, los resultados llegan”, concluyeron.
El equipo de profesionales se desempeña en el Hospital “Julieta Lanteri”, ubicado en Av. España 101. Teléfono: 0249 444-6752.