Vuelta a clases: el cerebro necesita hasta 21 días para adaptarse a la rutina
En el marco del inicio del ciclo lectivo la psicopedagoga Paola Zampati explicó la importancia de respetar los tiempos de transición neurobiológica el impacto de las pantallas en el descanso y las señales de alerta que los padres deben observar en el desempeño de los niños
Con el arranque del ciclo académico, las familias tandilenses atraviesan un período de reacomodamiento que trasciende la mera compra de útiles o uniformes. Se trata de un proceso más profundo, que involucra la salud mental y el funcionamiento cerebral de los más pequeños.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailSobre este tema, la psicopedagoga Paola Zampatti estuvo en Tandil Despierta, programa que se emite por Eco TV y Tandil FM 104.1, donde se abordaron algunas claves para transitar este cambio de etapa de manera saludable.
La especialista se refirió inicialmente a la denominada transición neurobiológica, un concepto que puede sonar complejo pero que, en la práctica, describe el retorno al ritmo escolar. Según explicó, este proceso implica volver a activar los niveles de atención y concentración que durante el verano permanecen en un estado de menor exigencia.
“Vengo de las vacaciones, de levantarme tarde, de la pileta y de situaciones que no tienen que ver con lo académico; entonces mi cerebro necesita volver a acomodarse despacito a esa rutina”, señaló.
Respecto a los tiempos que demanda el organismo para asimilar estos cambios, precisó que cualquier hábito nuevo o recuperado requiere entre 15 y 21 días para que el cerebro logre automatizarlo. Por ese motivo, el mes de marzo suele considerarse un período de diagnóstico y adaptación, tanto para los alumnos como para los docentes, quienes priorizan la metacognición, es decir, la capacidad de recuperar información y procedimientos aprendidos previamente.
El impacto de las pantallas y la higiene del sueño
Uno de los mayores obstáculos en este regreso a las aulas es el uso excesivo de dispositivos tecnológicos. La profesional advirtió que el principal perjuicio de las pantallas durante el período escolar está vinculado a la alteración del descanso.
Muchos niños y adolescentes se duermen utilizando celulares o tablets, lo que genera un sueño poco reparador que se traduce, al día siguiente, en lo que definió como una “bruma mental”, acompañada de dificultades para sostener la atención.
Zampatti subrayó que un alumno que no descansa adecuadamente tendrá serios problemas para cumplir con demandas básicas del aula, como escuchar al docente, copiar del pizarrón o realizar procesos lógicos.
“Cognitivamente, un sueño no reparador es sumamente perjudicial”, afirmó, al tiempo que instó a los padres a regular el uso de dispositivos, especialmente al regresar del colegio, cuando el cansancio suele llevar a los niños a refugiarse en lo que denominó el “chupete electrónico”, en lugar de permitir que el cerebro procese la jornada.
Señales de alerta: cuándo consultar
Otra preocupación frecuente en las familias es cómo diferenciar el cansancio propio de las primeras semanas de clases de un posible trastorno del aprendizaje.
La psicopedagoga explicó que el criterio principal se basa en dos variables: la persistencia y la intensidad. Una conducta aislada o un episodio de irritabilidad durante los primeros días de clase no debería generar alarma inmediata. Sin embargo, si esos comportamientos se mantienen en el tiempo y aumentan su frecuencia, es recomendable realizar una consulta profesional.
Indicadores para observar en el hogar y en la escuela
Entre los signos que pueden requerir atención, Zampatti mencionó la incapacidad de trabajar de forma autónoma en niños que poseen la capacidad intelectual para hacerlo, la inquietud motora constante o la interrupción sistemática de los turnos de habla.
También señaló algunas cuestiones sensoriales, como el aturdimiento frente a ruidos intensos o la molestia excesiva por el roce del uniforme, factores que podrían indicar dificultades en el procesamiento de la información externa.