El suelo como organismo vivo y una investigación en Tandil que pone en jaque al modelo productivo
En el marco de un proceso de agriculturización que transformó la fisonomía de la región pampeana, un estudio comparativo analizó la sustentabilidad de los modelos convencionales frente a la agricultura ecológica en el partido de Tandil, revelando la fragilidad de los sistemas actuales y la resiliencia de las prácticas que respetan los ciclos naturales. ¿Puede una unidad productiva ser rentable y, a la vez, ecológicamente sana?
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/02/agricultura_convencional.jpeg)
La historia del desarrollo económico en Argentina, y particularmente en nuestra región, fue escrita con el surco y la semilla. Desde finales del siglo XIX, el sector agropecuario funcionó como el motor de una nación que encontró en la generosidad de sus tierras una promesa de progreso. Sin embargo, esa relación con la naturaleza, que alguna vez fue un diálogo de reciprocidad, se transformó en las últimas décadas en una exigencia constante.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailEl avance de la denominada "revolución verde" y la consolidación de la soja transgénica desde 1996 reconfiguraron no solo el paisaje, sino también el tejido social y la salud de los ecosistemas. Este fenómeno puso de manifiesto la necesidad de repensar si el modelo de "agriculturización permanente" es capaz de sostener la vida y la productividad en el largo plazo.
El territorio de Tandil, con su geografía de serranías y llanuras, no fue ajeno a esta tendencia global. Entre 1988 y 2010, la superficie dedicada a la agricultura en el partido creció un 39,4 por ciento, mientras que las áreas de pastoreo se redujeron sensiblemente. Este cambio trajo aparejada una homogeneización del paisaje, donde el antiguo sistema mixto agrícola-ganadero cedió su lugar al monocultivo intensivo, dependiente de insumos externos y con una menor demanda de mano de obra. Ante este escenario, a las investigadoras de la Unicen, Patricia Vasquez y Milagros Vignolles, les surgió el interrogante sobre la posibilidad de otros caminos. ¿Es posible producir sin agredir el suelo? ¿Puede una unidad productiva ser rentable y, a la vez, ecológicamente sana?
