Maestra de la vida
Nació en Gonzales Chaves, vivió hasta su adolescencia en Lobería trasladándose a Tandil para hacer su licenciatura en inglés. Se dio cuenta que no era su vocación y estudio profesorado de enseñanza primaria en la Escuela Normal. Fue inscripta en el Registro Civil como María Beatriz D´Annunzio, aunque todos la conocen como Bety Etcheber, sobrenombre que le pusieron sus alumnos del San José. En una charla distendida y con la presencia de su adorada María, nos dio una clase magistral de cómo es ser mamá de un hijo Down. Fue una lección de vida.
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2021/09/beatriz_etcheber.jpg)
“Mi abuelo tenía el diario El Heraldo en Gonzales Chaves y mis padres vivían allá –cuenta Bety- por cuestiones laborales papá se va a vivir a Lobería y mamá con él, pero cuando está por tenernos a mí y a mi hermano Carlos vuelve a Chaves. Después toda mi infancia incluso el nacimiento de m hermana Gaby fue en Lobería. Tengo unos recuerdos maravillosos de esa ciudad donde viví mi infancia y adolescencia en el Colegio Nacional, todos mis amigos eran de allá. Fue tan feliz mi infancia que –estoy convencida- por eso pude al convertirme en una persona adulta sostener pruebas muy duras que va poniendo la vida en el camino. A mí me pasó y le ha pasado a tanta gente”.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu email-¿Por qué elegiste Tandil?
-Cuando terminé la secundaria me vine a estudiar inglés al Colegio San José, en 1978. Con muchas ganas porque había hecho particular en Lobería rindiendo en la Cultural Inglesa de Mar del Plata. Extrañaba mucho a mi familia; en cuanto al estudio, entendía lo teórico y escribía perfectamente pero no tenía fluidez al hablar y me sentía frustrada. Aguanté dos años, el hermano Fidel me alentaba a seguir pero si bien en los escritos era una alumna excelente en lo oral fallaba. En ese entonces se vende el campo que papá administraba y se viene la familia a vivir a Tandil. A esa altura ya había decidido dejar la carrera de inglés y comenzar magisterio que en realidad era lo que me gustaba. Me recibí en la Escuela Normal en el profesorado para la enseñanza primaria en el ´82 y me llamaban del Normal, Mery Pla, Teresita Beretta, del jardín y tenía tantas ganas que iba aunque no me pagaran. En 1983 nos casamos con (Juan Marcos) “Chamaco” Etcheber y nace María, cambiando en 1984 la historia. Todos los hijos son bendiciones pero cuando recibís tu primer hijo especial, es un regalo de Dios y sentí que no podía ser para otra familia que no fuera la nuestra. Desde el primer momento lo viví como un llamado, una misión. Jamás sentí ninguna otra reacción que pueden tener las mamás porque el shock es fuerte. Hablo delante de María y me emociona que ella lo entienda (María, en completo silencio, se emociona escuchando las palabras de su mamá). Fue bebé, fue creciendo y nosotros no sabíamos si iba a entender todo. La adorábamos, como ahora, pero no sabíamos que nos iba a dar tantos regalos. Porque le dimos todo y más, como cualquier papá. Pensé en estudiar educación especial, pero Jorge Cabana que era su pediatra me dijo que no: “Acá no hay que estudiar nada. Vos sos la mamá, hay que poner manos a la obra con mucho amor y constancia esto va a salir bien. Ella nació sin otra enfermedad de base más que el síndrome de Down”.
