La ventaja de los raros
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Los niños pueden ser crueles. Por eso, mamá o papá, si su hijo no pertenece a los grupos más populares, si es dejado afuera de los juegos o salidas, si no es como los demás, si el resto de los compañeros ríen de él, o si no logra encajar y sus gustos son diferentes, entonces tiene frente a usted algo muy valioso hoy en día, que debe ser contenido y cultivado: afortunadamente, aún los humanos no se producen en serie.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn la adultez, uno puede elegir vincularse con gente afín y evitar los lugares y personas con quien no comparte nada. Sin embargo, para los niños, el salón de clases dispone un tablero de juego donde un grupo aleatorio de individuos, con distintos cuerpos y formas de pensar, deben conversar, discutir, reír, pelear, enamorarse y competir. Los grupos sostienen criterios de popularidad que varían según la edad y van desde atributos físicos, como la belleza, la fuerza o la velocidad, hasta cuestiones como el dinero para el recreo y las posesiones novedosas, o bien la madurez adelantada y la trasgresión. Estos grupos entablan amistades, o bien enemistades, comparten salidas y persiguen las modas del momento. Así corren y ríen, gritan y patalean, se burlan y admiran, van y vienen por pasillos y patios mientras sus cerebros continúan formándose y aprendiendo que ahí donde van todos es donde se encuentra la promesa del mañana.
Sin embargo, al margen de toda esta vorágine comunitaria, en los rincones, silenciosos, están a quienes en este texto llamaremos “Los Raros” y, en contra de su propia naturaleza, los traeremos al foco de atención. Se mueven más lento, sin llamar la atención, en una dirección diferente al resto. Guiados por una voz que proviene de lo profundo de su ser. Una muy propia, calma, que tapa los gritos que indican el camino a los demás. Para los niños, aquello que está al margen, aislado, resistiéndose a perseguir sus precarias normas sociales, es naturalmente tildado de raro. El adjetivo raro se concibe a su vez, en esta etapa, de manera peyorativa.
Lamentablemente (o no tanto), este tipo de personas “raras” suelen padecer los años escolares. Los chicos que sí han logrado insertarse dentro de los parámetros “normales” para la mayoría suelen despreciar a ese otro segregado. Algunas habilidades favorecen a la popularidad y la aceptación mientras que otras, igual de meritorias, pueden condenar a un niño al bastardeado rincón de Los Raros. Saber patear una pelota no siempre se valora de igual manera que poder hacer dibujos increíbles. Los Raros deberán entonces enfrentar el desdén y las humillaciones de sus pares, sobrevivir a ser desterrados de la fiesta social de las masas para peregrinar recreos en soledad, explorar y regar los jardines del mundo interior. Mamá o papá, he aquí la gran ventaja. Existe una cualidad maravillosa en el hierro que se forja con cada golpe del martillo: su tenacidad, su resistencia a la corrosión y su acabado único. Lo mismo ocurre con el carácter, en tiempos de materiales descartables. En el mundo del rendimiento y la aprobación, cultivar la autoestima desde adentro hacia afuera, prescindiendo de la opinión ajena como forma de validación personal, consiste en una habilidad invaluable. Ser aceptado por las masas requiere muchas veces podar aquel jardín interno que El Raro protege.
Cortar las flores especiales y autóctonas para reemplazarlas por las que la mayoría tiene en pos de encajar. Permitir que la sociedad defina y moldee la forma de ser, por temor a ser excluido o rechazado, limita la autenticidad.
En otras palabras, la presión social produce estereotipos a demanda de la época. Mamá o papá, he aquí el gran riesgo: si dejamos que la opinión externa sea la fuente de bienestar, este mecanismo echará raíces en el espíritu. He visto a los niños más populares convertirse en adolescentes inseguros. Hoy son adultos vacíos. Claro está que cada caso es particular y no hay generalización que sirva. Pero también he visto de cerca a los Niños Raros perseguir sus pasiones durante años sin que ninguno de sus compañeros los comprenda. Los he visto tolerar los murmullos burlones y las miradas denigrantes. He visto la fortaleza de su dignidad y la confianza en sí mismos. Los vi luchar, esforzarse y trabajar en silencio. Los vi crecer. Hoy, mamá o papá, son adultos admirables. Han triunfado en ser ellos mismos. Cuando la vida dé vuelta sus verdaderas cartas, el éxito será de aquellos que hayan podido escuchar su voz interior.
La resiliencia y autenticidad de Los Niños Raros brinda además otra gran ventaja. Con el tiempo, ese margen al que han sido recluidos conformará un espacio ideal para la formación de amistades verdaderas. Cuando un Niño Raro se encuentra con otro, existe un idioma que solo ellos entienden. El vínculo que formen no estará regido por ventajas sociales sino por conexión genuina. Estas suelen ser amistades duraderas y reales
Afortunadamente, aún los humanos no se producen en serie ni las almas entienden de algoritmos. Mamá o papá, los últimos serán los primeros. Mi consejo es que muestren y ofrezcan a sus hijos las actividades normales, que los fomenten a incluirse en la vida social. No hay nada de malo en eso. Pero si no lo logran, si su corazón les indica otro camino, uno más solitario, uno más raro, no desesperen.
Hay flores que necesitan más tiempo y espacio. Personalmente, cuando la crisis llegue, cuando las masas no encuentren respuestas y este nuevo mundo se nos venga encima, sospecho que será un Niño Raro quien nos salve a todos.
Escritor, poeta y músico tandilense. Actualmente vive en Buenos Aires, donde cursa la Licenciatura en Artes de la Escritura en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Con una fuerte versatilidad literaria, ha publicado ensayos, poemas y obras teatrales, incluyendo el estreno de “Apocalipsis Siglo XXI” en el Teatro de La Confraternidad. En el ámbito musical y de la cultura urbana, es conocido por sus seudónimos Niño Neo y Neo Noir, y cuenta con dos álbumes editados y presentaciones en destacados escenarios porteños.