Avellaneda 1668, arquitectura contemporánea en uno de los ejes de crecimiento de la ciudad
Con 14 unidades residenciales y una propuesta arquitectónica que prioriza la relación con el paisaje, el edificio desarrollado por Proyecta Inversiones se suma al proceso de consolidación de Avenida Avellaneda como uno de los corredores urbanos de mayor crecimiento en la ciudad. “La verdadera discusión no es si la ciudad cambia o no, sino cómo logramos que cada nueva obra ayude a construir una mejor ciudad.”
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En los últimos años, Tandil viene atravesando un proceso de transformación urbana que se expresa con principal claridad en algunas de sus avenidas. Nuevos edificios, mayor densidad y cambios en la forma de habitar comienzan a redefinir sectores de la ciudad que históricamente tuvieron una escala más baja y residencial. En ese contexto, cada proyecto que se incorpora al tejido urbano no solo suma metros construidos, sino que también plantea preguntas sobre cómo se imagina el futuro de la ciudad.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailEn Avenida Avellaneda 1668 acaba de inaugurarse uno de esos proyectos que buscan aportar a esa discusión desde la arquitectura. Se trata de un edificio residencial desarrollado por Proyecta Inversiones, diseñado por el estudio Trazos Urbanos que dirige el arquitecto Mariano Jiménez y construido por la empresa CanManresa S.A. bajo la dirección del ingeniero Ricardo Persson. La obra propone una forma contemporánea de habitar, con especial atención a la relación entre los departamentos, el paisaje serrano y el entorno urbano inmediato.
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“El edificio cuenta con 14 unidades funcionales de dos y tres ambientes, con superficies que van desde los 65 hasta los 120 metros cuadrados”, describió Jiménez. Más allá de su escala relativamente contenida, el proyecto introduce una serie de decisiones de diseño que buscan responder a una pregunta cada vez más presente en Tandil. Cómo densificar ciertos sectores de la ciudad sin perder el vínculo con el paisaje ni la calidad de vida que históricamente caracterizó a la ciudad.
“Más allá de su escala, la obra se inserta en uno de los ejes de mayor consolidación de la ciudad. Avenida Avellaneda viene transformándose en un corredor urbano dinámico, y esta intervención busca aportar desde la arquitectura calidad, orden y coherencia formal al crecimiento”, expresó el arquitecto.
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Pensado desde el paisaje
Proyectar arquitectura en Tandil implica asumir que el paisaje no es un elemento distante ni meramente decorativo. Las sierras forman parte de la experiencia cotidiana de quienes viven en la ciudad y condicionan de manera directa la forma en que se conciben los espacios.
En este edificio, esa relación aparece desde el propio esquema del proyecto. Uno de los elementos centrales es la incorporación de un patio interno abierto que organiza el conjunto y permite que todas las unidades mantengan visuales hacia las sierras. Al mismo tiempo, esta disposición favorece el ingreso profundo de luz natural y la ventilación cruzada en los departamentos, dos condiciones que influyen directamente en la calidad ambiental de los espacios y que ya son identidad en la búsqueda de Trazos Urbanos.
El arquitecto Mariano Jiménez explicó que diseñar en una ciudad como Tandil requiere una sensibilidad particular hacia ese entorno natural. Por eso, más allá de resolver correctamente un edificio en términos funcionales, aseguró que el desafío también pasa por pensar cómo se inserta en su entorno inmediato y qué tipo de diálogo establece con la ciudad que lo rodea.
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Espacios que amplían la vida cotidiana
Otro de los rasgos que definen al proyecto es la búsqueda de expandir la experiencia de los departamentos hacia el exterior. En ese sentido, los balcones parquizados cumplen un rol clave. No solo funcionan como expansión de las viviendas, sino que incorporan vegetación y generan una transición más amable entre el interior de los departamentos y el paisaje urbano.
En los niveles superiores del edificio aparecen además dos terrazas públicas ubicadas en los pisos quinto y sexto. Estos espacios ofrecen vistas abiertas hacia la ciudad y las sierras, e incorporan parrillas y sectores pensados para el encuentro entre vecinos.
En tanto que la incorporación de áreas compartidas responde a una tendencia cada vez más presente en la edificación residencial contemporánea, que busca equilibrar la privacidad de cada unidad con espacios de uso colectivo que permitan construir comunidad dentro del edificio.
“La planta baja también fue pensada en esa lógica de apertura”, agregó Jiménez, y contó que allí se resolvió un espacio libre que integra el acceso vehicular y peatonal, con un total de 14 cocheras. Esta decisión permite que el edificio no se presente como un volumen cerrado sobre la avenida, sino que genere un espacio de transición más permeable entre la dinámica urbana y el interior del conjunto.
Ese fuelle entre la calle y las viviendas introduce además un pequeño pulmón verde que suaviza la relación con el espacio público y aporta mayor calidad ambiental al entorno inmediato.
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Tecnología, materialidad y calidad
Por otro lado, el proyecto incorpora una serie de decisiones técnicas orientadas a mejorar el confort y la eficiencia de las unidades. Entre ellas se destacan las carpinterías de PVC con doble vidriado hermético, que contribuyen al aislamiento térmico y acústico de los departamentos.
Todas las unidades cuentan además con sistema de calefacción por piso radiante, una solución que permite distribuir el calor de manera uniforme y optimizar el consumo energético. A esto se suman sistemas de control de acceso y portero visor con tecnología actualizada, que refuerzan las condiciones de seguridad del edificio.
La organización interna se resuelve a partir de dos núcleos verticales estratégicamente ubicados, cada uno compuesto por ascensor y escalera. Esta disposición mejora las circulaciones internas y permite una distribución más eficiente de las unidades en cada nivel.
En términos expresivos, el proyecto se apoya en una paleta de materiales nobles y colores neutros. La búsqueda de una estética sobria responde a una lógica de síntesis donde la forma, las texturas y la proporción de los volúmenes se vuelven protagonistas.
La iluminación exterior fue especialmente diseñada para acentuar en la noche esos planos y materialidades, otorgándole al edificio una presencia moderna pero contenida dentro del paisaje urbano de la avenida.
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Corredores urbanos y transformación de la ciudad
“Tandil va a seguir creciendo. La verdadera discusión no es si la ciudad cambia o no, sino cómo logramos que cada nueva obra ayude a construir una mejor ciudad”, aseveró el arquitecto Mariano Jiménez, dando lugar a una reflexión sobre el tema.
- ¿Es distinto proyectar en Tandil que en una gran ciudad?
- Sí, definitivamente. En una gran ciudad muchas veces la arquitectura se desarrolla dentro de una lógica más densa, más anónima y con menos relación directa con el paisaje. En Tandil, en cambio, el entorno natural está siempre presente. Las sierras, las visuales abiertas, la escala de los barrios y la calidad del aire forman parte de la experiencia cotidiana de vivir en la ciudad. Eso obliga a proyectar con más sensibilidad. Cada edificio tiene que dialogar con ese paisaje y con una escala urbana que históricamente ha sido más baja y más doméstica. Por eso, en Tandil no alcanza con resolver bien un edificio en sí mismo. También es importante cómo ese edificio se inserta en la ciudad y qué relación establece con su entorno.
- ¿Cómo se diseña en una ciudad donde el paisaje es parte de la identidad?
- Desde el proyecto intentamos que la arquitectura lo incorpore y no lo ignore. En el caso de este edificio, por ejemplo, uno de los conceptos fue generar un patio interno abierto que permitiera que todas las unidades mantuvieran visuales hacia las sierras y que la luz natural ingresara profundamente en los departamentos. También aparecen los balcones parquizados y las terrazas públicas, que buscan reforzar esa relación entre interior y exterior. Diseñar en una ciudad con paisaje implica entender que la arquitectura no compite con el entorno. Su rol es ayudar a que las personas puedan disfrutarlo mejor.
- Avellaneda se está convirtiendo en un nuevo corredor urbano. ¿Estos corredores pueden ayudar a ordenar el crecimiento de la ciudad?
- Sí. Cuando el crecimiento se produce de manera dispersa, la ciudad se vuelve cada vez más difícil de sostener. Aparecen mayores distancias, más dependencia del automóvil y mayores costos de infraestructura. Avenida Avellaneda tiene condiciones naturales para consolidarse como un corredor urbano. Conecta sectores importantes de la ciudad, tiene buena escala urbana y permite pensar en una densificación que, si se hace con calidad arquitectónica, puede aportar mucho al desarrollo de Tandil.
- ¿Cómo impacta este tipo de desarrollo en la identidad urbana de Tandil?
- La identidad de Tandil está muy vinculada al paisaje serrano y a una escala urbana relativamente baja. Por eso, cada nuevo edificio genera debate, y eso es sano para la ciudad. La clave no está en evitar la transformación, porque las ciudades siempre cambian, sino en cómo se produce esa transformación. Cuando los edificios se proyectan con cuidado, respetando el entorno, trabajando bien las proporciones, las materialidades y la relación con el espacio público, pueden convivir perfectamente con esa identidad serrana.