Tandil y sus bares, una "mezcla milagrosa" que resiste el paso del tiempo
Desde los míticos estaños que marcaron el siglo XX hasta los refugios que hoy sostienen la tradición, los bares de Tandil funcionan como verdaderos templos de convivencia. Un recorrido por las historias de algunos espacios donde la identidad local se resiste a desaparecer frente a la vertiginosa vida cotidiana.
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“En tu mezcla milagrosa de sabihondos y suicidas, yo aprendí filosofía, dados, timba y la poesía cruel de no pensar más en mí”. Los versos de Enrique Santos Discépolo se desgranan en la voz cascada del Polaco Goyeneche. Una ciudad no es la misma sin sus bares, sin esos reductos que pueden decir más de una comunidad que un paper sociológico.
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Accedé a las últimas noticias desde tu emailLa identidad tandilense está unida también a lugares como el bar Ideal, El Cisne, Rex, Bar Americano, Bar de Adela, La Pastora, Las Heras, Campeones, Remigio, El Firpo, el club Boca y tantos otros. Algunos ya no existen, algunos se reciclaron y otros sobreviven al roce cáustico del paso del tiempo, como refugios provisorios donde la vida puede ser otra cosa al menos un momento.
En uno de sus textos, el escritor Elías El Hage expuso: “Casi todos los boliches de Tandil tuvieron una estética y una ideología. El Cisne fue el refugio del arte y la bohemia. El Ideal se constituyó en el bar más democrático: podía ir tanto el último ciruja como el propio intendente. Desde el Bar Moderno hasta La Vereda un boliche tiene su marca de origen en la personalidad. Lo tuvo la Rex, con la pesada por un lado y la ilustración por el otro. Lo tuvo Flamingo y también lo tuvo Moritat. Era el boliche cool de los setenta, donde los prejuicios y la frivolidad se daban la mano en el arquetipo embalsamado en el atuendo a lo Moritat del que hacían gala sus clásicos parroquianos: remerita Chemise Lacoste, pantalón jean Levi 505 y mocasines Guido”.
