Monstruos, artritis y otros miedos
:format(webp):quality(40)/https://cdn.eleco.com.ar/media/2026/04/banco.webp)
Quienes siguen estas columnas saben que no hace mucho me despedí del monstruo que vivía debajo de mi cama.
Recibí las noticias en tu email
Accedé a las últimas noticias desde tu emailComo dice aquel bello tango, no hubo ninguna escena ni ningún daño: simplemente fue un adiós inteligente de los dos. Debo reconocer que la inteligencia corrió por su cuenta. Se nota que cansado de mis ronquidos, de mis palabras sueltas e inentendibles en sueño, de mis bochornosas cursilerías en contadas noches, un buen día decidió darse a conocer. Como se dan a conocer los monstruos, con indicios que fueron in crescendo: primero una pantufla dada vuelta, luego una media que no aparecía, un disimulado suspiro. Como soy lento para esas y otras señales, una noche me habló desde abajo de la cama. Fueron varias noches de charlas hasta que me hizo entender que su existencia no le pertenecía, sino que era mi propia invención. No le creí del todo hasta que me dijo “si vos no me tenés más miedo, desaparezco..”.
Así fue.
